“Cuando vendo licor, se llama piratería, y cuando mis clientes se sirven en Lake Shore Drive, se llama hospitalidad”. Al Capone

 

Al Capone es más aplaudido y recordado en las calles Clark y Addison, donde está ubicado el Wrigley Field, que Sammy Sosa, quien con sus largos jonrones en 1998, 1999 y 2001 hizo historia en esa franquicia. Los Cubs de Chicago, representados por su propietario, Todd Ricketts, inauguraron ayer una moderna academia en la Gina, donde debió estar presente el Bambino del Caribe, Sammy Sosa, y uno de los estadios llevar su nombre.

El toletero petromacorisano, que si bien es cierto está ausente de los escenarios beisboleros, ocupa la misma dimensión, o quizás más arriba que jugadores que hoy son verdaderos ídolos en Chicago, como Ernie Banks, Hack Wilson, Roger Hornsby, Billy Williams, Ron Santo y Ryne Sandberg.

El número 21 de Sosa debió hace tiempo ser retirado en Chicago. Este año lo usa el jardinero Scott Hairston, lo que es un irrespeto a esa figura que en 545 ocasiones pasó por la tercera del Wrigkey exhibiendo el mismo.

Hace catorce años, los fanáticos asistían al Wrigley a sintonizar con la ofensiva de Sosa. En el 2000, conectó 50 jonrones y remolcó 138 carreras y, aunque el equipo culminó con marca de 65-97, el dominicano se encargó de movilizar 2.8 millones de fanáticos al Wrigley Field.

A Sammy lo han borrado con aquello que ustedes saben del gato, y para colmo, nunca lo han invitado a realizar un lanzamiento de primera bola o invitado a sentarse en los asientos exclusivos del Wrigley a cantar la memorable canción de Harry Caray, Take Me Out The Ballgame (Vamos al estadio de Béisbol).

Hace unos meses, Sammy Sosa dijo: “Mis números deben ser intocables, debido a que realicé muchas cosas en favor de esta organización. Ahora quieren mostrarme como una persona no grata para ellos y no tienen la más mínima relación conmigo, soy una persona odiada. Mis números no mienten, cada hecho que logré lo hice en grande y con pasión, mi carrera fue muy buena y estas estadísticas permanecerán por siempre”.

Ricketts, al referirse ayer al slugger criollo, dijo: “Quizás en algún momento hablaremos con Sammy Sosa, para que tenga un rol en la organización. Por ahora no hay acercamiento”. Cuando llegue ese día, espero que por dignidad Sosa le diga: “Gracias, no tengo tiempo”. Su compañero en la “Batalla del Siglo” de los jonrones, Mark McGwire, es un ídolo en San Luis. Sosa está en Miami en el condado de Broward, dedicado a los negocios de casas prefabricadas y de un modernísimo sistema de inyección sin agujas.

Nadie en Chicago, ni la poderosa familia Ricketts, podrá borrar los 545 bombazos de Sammy Sosa con la casaca de los Cachorros. Twitter: @bienvenidorvDE:diariolibre.com