SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Finalizando el mes de septiembre se celebra una de las fiestas más importantes del universo mágico religioso de la República Dominicana: el día de San Miguel Arcángel, conmemorado el 29 de septiembre de cada año.

En parques, casas y colmados de distintos puntos del país se realizan rezos, toques de atabales y se preparan comidas y postres para celebrar esta importante entidad dentro del ritual de vudú dominicano.

Desde tempranas horas, los creyentes comienzan a congregarse en los distintos espacios emblemáticos de esta conmemoración. Uno de esos lugares significativos de esta fiesta del interior espiritual de muchos dominicanos es el parque San Miguel ubicado en la Ciudad Colonial en la capital dominicana.

A esta antigua plaza llegan personas de todas las edades, procedentes de distintas partes del Distrito Nacional y la Provincia de Santo Domingo a rendirle culto a Belié Belcán, el luá del panteón vudú dominicano que se representa icónicamente con la imagen del santo católico.

El rojo y el verde, los colores que caracterizan a Belié Belcán o San Miguel, están por doquier, en pañuelos, camisetas, vestidos. Este día estos colores se mezclan con el rojo y el azul, en una intensión racional o no, de vivir experiencias que le ayuden a construir su propio sentido de dominicanidad.

Como todo espíritu de la religiosidad popular, a Belié se le atribuye personalidad particular. Se le considera un lua guerrero, que ayuda a sus creyentes a superar las adversidades que se le presentan en la vida.

Parte de las características que dentro del vudú se le atribuye a Belié es que es un lua bajo de estatura, y dentro de los rasgos de su personalidad se dice que es estricto y cumplido. “Chiquito pero jodón”, dicen varias canciones de atabales en honor a su figura.

Por eso  los vuduístas manifiestan que cada promesa que le ofrecen, tratan de cumplirla a cabalidad.

Como Francis, quien tiene diecisiete años y ya es servidor de misterios. El relata que desde niño sintió el llamado de los espíritus, hasta que cuando arribó a la adolescencia fue llevado a Samaná, donde le bautizaron en la religión vudú.

Igualmente, Carmen, una señora que afirma que Belié le protoge y que es milagroso. Sostiene que es testigo de milagros realizado por el luá y orgullosamente manifiesta que se siente confiada siempre, porque dice que Belié no le abandona.

Esta fiesta popular, evidencia que a pesar de la discriminación y las persecusiones históricas a las herencias africanas, las culturas negras resisten con gran fuerza en el interior de muchos dominicanos. Fuente/Acento.com.do