
Una reciente decisión del cuerpo médico y técnico de la
Selección Argentina de Fútbol sobre la posibilidad de que las parejas de los
jugadores entraran a la concentración y pudieran tener sexo, trajo una fuerte
polémica y lo sexólogos fuimos consultados por diversos medios de comunicación.
La pregunta era si las relaciones sexuales previas a una competencia van en
detrimento del rendimiento deportivo y si los deportistas también tienen
problemas o disfunciones sexuales.
Es bastante extendida la creencia de
que “como el sexo debilita” no es aconsejable hacerlo en las horas o días
previos a la competencia. Sabemos que un orgasmo comporta un gasto
cardiovascular similar a subir dos pisos por escaleras a paso rápido, y que una
persona se recupera rápidamente del mismo.
Si no fuera así nadie podría
ir a trabajar, a bailar o a estudiar luego de un coito. Sabemos que puede dar
una cierta somnolencia (célebre queja de las mujeres respecto a sus compañeros
que se duermen luego del orgasmo pero eso no impide luego hacer las actividades
correspondientes.
Pero, ahora bien, si la creencia, el mito, la cábala o
como guste llamarse, dice que “no es bueno hacer el amor antes, pues debilita y
te hace rendir menos”, esa creencia tiene su peso y condicionará, cual profecía
autocumplidora, la actitud o rendimiento deportivo futuro.
No nos
olvidemos que hasta hace no muchos años atrás todavía se hablaba de todos los
males que la masturbación producía. Y menciono este tema, al cual he
desarrollado profusamente en mis libros, sobre todo en “Los senderos masculinos del
placer” porque como muchas veces los deportistas son jóvenes, casi
adolescentes, la masturbación (tanto femenina como masculina) suele ser un
camino frecuente de la sexualidad producto de la represión y la coerción de los
entrenadores en las célebres concentraciones).
Salvo que entren
prostitutas o las esposas y novias (en este caso me estoy refiriendo a los
varones), no quedarían muchos recursos a nuestros jóvenes deportistas que los
recursos autoeróticos.
He escuchado de distintos futbolistas, boxeadores,
tenistas –muchos de ellos célebres- que referían masturbarse o mantener
relaciones sexuales antes de las competencias, incluso como cábala, aunque
quizás deberíamos pensar que era una manera de neutralizar la angustia ante la
tremenda exigencia.
De allí que muchas delegaciones permitiesen las
concentraciones con las esposas y esposos, novias y novios, o parejas
homosexuales. Otros lo han prohibido tajantemente.
Mas vuelvo a decir: si
la creencia, el paradigma como se dice ahora, es que el acto sexual antes del
partido debilita, seguro que condicionará a ese deportista de una manera
negativa, más allá de saber que el gasto energético es fácilmente
recuperable.
Por supuesto que las conductas sexofóbicas también imperan
en el deporte y se siguen sosteniendo mitos y falsedades, por lo menos
públicamente y, por atrás, se realiza lo que oficialmente se prohibe o reprime.
Pero lo que se censura o inhibe por un lado sale por otro -“lo que no se habla
se actúa”, decimos los psicoterapeutas-, y así se mantienen actitudes hipócritas
y controladoras.
De allí a oír decir a un manager de jugadores de fútbol:
“tratamos de casarlos jovencitos para que no se dediquen al jolgorio y no anden
en la noche, además así las esposas los controlan mejor”, hay un corto paso,
como una manera de disciplinar la libido y el enorme caudal y potencial erótico
que tiene un adolescente.
Cosa que por lo que sabemos no siempre resulta
eficaz, aunque algunos jóvenes sufran sus conflictos sexuales y psicológicos en
silencio y vean, muchos de ellos, frustrar su carrera deportiva por no poder
encontrar un espacio donde elaborar sus problemas.
Varias veces me
dijeron algunos jugadores de fútbol: “en nuestro ámbito no se ve con buenos ojos
que un jugador vaya al psiquiatra o al psicólogo, menos al sexólogo”. Una nueva
variante del “sufra y no llore, que un hombre macho no debe llorar”. Por
supuesto que, como cualquier persona, los deportistas pueden sufrir disfunción eréctil, eyaculación precoz, eyaculación retardada, anorgasmias, fobias, deseo sexual hipoactivo , crisis de identidad
sexual o tener conflictos con su pareja.
Le escuché decir a un jugador,
gloria del fútbol brasileño, que en ellos el público ponía todas las ilusiones,
las expectativas, las propias frustraciones y en lo que menos pensaban los
hinchas era que ese jugador podía haber perdido a un familiar, haber tenido una
crisis de pareja o padecer un problema psicológico o sexual.
Años
atrás tuve oportunidad de dar unas charlas en la escuela de técnicos de la
Asociación del Fútbol Argentino (AFA), algunos de los cuales dirigían equipos de
las inferiores, y me comentaron de las distintas inquietudes de los jovencitos
que ellos dirigían: masturbación, antecedentes de
abusos sexuales, promiscuidad en su medio familiar, violaciones, miedo ante el
debut, fobias y miedos sexuales, y estos técnicos me contaban de su angustia por
no saber qué decirles, qué explicarles y contestarles.
Poder contar
los problemas sexuales a un amigo confiable, a un profesional competente, o leer
un libro de educación en temas de sexualidad es un índice de fortaleza y no de
debilidad. Creo que la mayor fuerza reside en solicitar ayuda, en poder decir:
no sé, pero quiero saber; no puedo, pero lo lograré.
fuente/sexovida.com